Cinco de la mañana, me levanto sonámbulo de mi tibia cama hasta llegar al baño, mi departamento aun esta oscuro, miro por detrás de la cortina, conos iluminados de luz recalcan sobre la baqueta debajo del alumbrado, tomo un café oscuro y un pan tostado, mi cafetera se destila gota a gota con precisión y ritmo, yo la observo sereno, hipnotizado, me dispongo a salir, recorro la acera frente a mi departamento, desde aquí puedo ver mi ventana, y casi puedo sentir la desolación que contiene detrás de los cristales, ahí esta el hombre que camina a su perro todos las mañanas, excepto los martes, y no tardara en pasar el joven de la bicicleta azul.
Me dirijo hacia la estación Sant Boi, suele verse poca gente sobre las calles a esta hora, se resiente el frió, pero disfruto mi recorrido, imagino que la ciudad es mía, porque parecería por soplos que soy el único que la transito, los edificios que como firmes guardias permanecen parados al terminar la banqueta se ven diferentes, como si también estuvieran dormidos, son un lienzo gris bajo la penumbra que se interrumpe por vanos encendidos, en su interior sujetos que ansían regresar a dormir se preparan para partir a sus actividades diarias, recuerdo lo difícil que es levantarse de la cama cuando no hay nada que valga la pena hacer; ya en la estación espero el tren hacia Idelfons.
Al abordar reconozco a muchos de sus ocupantes, pasan treinta y seis minutos, a veces treinta y nueve y se que he llegado, me bajo y me siento en un banca alrededor de diez minutos, entonces, aparece ella, resplandeciente, tan puntual como siempre, tremendamente arreglada para su día de trabajo, con su vestido del día de hoy jueves, se sienta en una banca frente a mi, cruza sus largas piernas y lee un libro, parece haber terminado el anterior y puedo leer entre sus dedos que ha escogido a Albert Camus como su siguiente compañero de travesía.
Permanece ahí, ignorando completamente mi presencia, yo la observo durante cuatro minutos, pasmado con su imponencia, mientras ella espera, a sido solo una la ocasión en que mi mirada la a inquietado, y que levantando sus ojos sobre su libro a conducido su vista hacia mi; y fue hace dieciséis días que la banca frente a mi se encontró tan sucia que le fue inadmisible sentarse y para mi desgracia mi lado izquierdo se encontraba vació, se sentó a mi lado, justo junto a mi, tan junto que pude conocer el olor de su perfume, tan junto que al pararse su pierna rozó mi muslo, y una parvada de aves levantaron el vuelo dentro de mi estomago, y se me llenaron de sangre las mejillas; y me fue imposible obsérvala, me resigne a atender el ritmo de su respiración, y sufrí, mis manos sudaron tanto que los encabezados de mi periódico desaparecieron parcialmente, mi corazón corría como un animal que había sido desamarrado después de haber sido por mucho tiempo cautivo.
Mi trabajo en la oficina comienza mucho despues, pero para mí el día comienza al verla a ella, ya es casi un año el que llevo levantándome a las cinco; después de aquella vez en que me equivoque de tren rumbo a mi cita con el medico y entre mi desesperación e incertidumbre, la vi, y me sentí tranquilo, como nunca me he sentido, ni siquiera con una botella completa de vino tinto, estaba incrédulo ante su perfección, y me quede sentado, absorto, no me importo llegar al medico para saber a que se debían aquellas migrañas que llevaba experimentando desde hace un mes y que a partir de esa día nunca volví a tener.
Reconozco que parece un ejercicio de demencia, pero yo no soy un loco, quien podría atreverse a juzgarme de tal manera, loco aquel que pasa la vida sin ningún sentido, sin ninguna pasión, y eso es ella para mi, es simplemente ella quien da sentido a mi vida absurda, la vida no resulta lo que uno espera, es complicada, mas de lo que se acepta; muchos forman una familia, otros trabajan incansables para comprar carros y casas, algunos buscan la sabiduría, otros amasan fortunas imposibles de gastar en tres vidas, otros buscan poder, fama, reconocimiento, y sobresalir entre los demás, otros dicen haber encontrado a dios en su vida, yo, yo la encontré a ella.
Días enteros he pasado pensando lo que le diré la mañana siguiente, planeando como comenzare una conversación espontánea, informándome y enumerando los temas sobre los que le hablare, ensayando los comentarios hilarantes con los que descubriré su risa, especulando sobre el tono de su voz, armando la historia que le relatare sobre como he sido su devoto incondicional, incluso he leído a la par el libro que ella ha escogido, debe ser un excelente tema de conversación si lo demás falla, pero es solo un engaño, porque se cabalmente que no tengo el propósito de conocerla, y de que todo eso que ignoro tenga respuesta.
Si la conociera me daría cuenta de lo ordinaria que es, la amaría en un principio pero pasado el tiempo la encontraría aburrida, y entonces distinguiría sus defectos, que comenzarían a emerger ante mis ojos incrédulos como cadáveres en un río, eventualmente todo en ella comenzaría a molestarme, quizá se muerde las uñas o al hablar pronuncia mal algunas palabras, quizá el sexo sea decepcionante, quizá su platica sea aburrida, y me lleve a pensar que no es inteligente, que no me merece, y finalmente la aborrecería, su belleza se vería demeritada, desmerecida y huirá de mis ojos, me parecería una burla de la naturaleza; pero nada de eso pasara, no permitiré que pase, porque nunca me acercare.
Y es que no puedo regresar a mi vida anterior, no puedo perderla, la necesito intacta.
Daniela Dix